Me Probé el Traje para la Boda – La Dependienta Me Ayudó Muy Detalladamente con la Talla

Me Probé el Traje para la Boda – La Dependienta Me Ayudó Muy Detalladamente con la Talla

En la Tienda de Trajes: Primer Encuentro con la Dependienta Marta y el Inicio de la Prueba

Realmente estaba emocionado por la boda de mi primo – tenía que lucir impecable en un traje nuevo. Entré en una elegante tienda de ropa en el centro de la ciudad, donde olía a tela recién planchada y perfumes sutiles. La tienda estaba vacía, salvo por una hermosa dependienta detrás del mostrador. Llevaba un vestido negro ajustado al estilo de la tienda, que resaltaba su delgada cintura y caderas llenas. El cabello recogido en un moño suelto, y labios con brillo rojo. Parecía tener unos veinticinco años, definitivamente mayor de edad y segura de sí misma.

– Buenos días, ¿en qué puedo ayudarle? – preguntó con una sonrisa, acercándose. Su voz era cálida, melódica.

– Busco un traje para una boda. Algo clásico, pero elegante – respondí, sintiendo un leve cosquilleo cuando su mirada recorrió mi silueta.

– ¡Perfecto! Me llamo Marta. Permítame medirle con precisión para elegir la talla ideal. Vamos al probador – dijo, llevándome al fondo de la tienda. Sus caderas se balanceaban tentadoramente, y no podía apartar la vista.

En la cabina estrecha, iluminada por una luz suave, me pidió que me quitara la ropa hasta quedar en ropa interior. Estaba allí en boxers, sintiéndome un poco cohibido, pero excitado por su cercanía. Sacó la cinta métrica y empezó por los hombros.

– Por favor, manténgase recto. Talla de pecho... 102 centímetros. Le queda bien nuestro slim fit – murmuraba, envolviendo la cinta alrededor de mi torso. Sus dedos rozaban mi piel, delicadamente, pero con firmeza. Por primera vez sentí cómo su respiración se aceleraba cerca de mi cuello.

– Ahora la cintura – añadió, arrodillándose frente a mí. Su rostro quedó a la altura de mi cintura. Sus manos se deslizaban por mis caderas, ajustando la cinta. Sentía el calor de sus manos a través de la fina tela de la ropa interior. Mi cuerpo reaccionó al instante – la sangre afluyó hacia abajo, e intenté disimularlo.

– Parece que debemos verificar la longitud de la pernera muy detalladamente – susurró, mirándome a los ojos con un brillo juguetón. Se levantó, dándome el primer traje: azul marino, con corbata estrecha. Me ayudó a ponerme la chaqueta, ajustando el cuello con sus dedos esbeltos. Su perfume – dulce, floral – me envolvía como una niebla.

– Gírese, por favor. Sí, resalta perfectamente su silueta atlética. Pero la falda... ups, los pantalones – deben acortarse – se rio suavemente, poniendo la mano en mi muslo, como por accidente.

Conversamos, flirteando ligeramente. Le conté sobre la boda, ella sobre su trabajo.

– A veces los hombres vienen estresados, pero usted está relajado. Me gustan los clientes así – dijo, masajeando suavemente mis hombros bajo la chaqueta.

Realmente estaba fascinado por su seguridad. Me probé el segundo traje, gris antracita, y de nuevo sus manos revoloteaban a mi alrededor. Esta vez tocó mi pecho más profundamente, verificando los botones.

– ¿Siente cómo el tejido se ajusta en los puntos clave? – preguntó provocativamente.

– Sí, perfecto – gemí en voz baja, sintiendo cómo la tensión crecía. Sus ojos brillaban, y sabía que esto era solo el comienzo. El probador se volvía cada vez más cálido, y nuestras respiraciones se sincronizaban. Marta cerró la cortina con más fuerza, susurrando:

– Ahora verifiquemos la parte inferior una vez más. No se mueva.

Sus dedos bajaron más, y por primera vez sentí que esta visita cambiaría mi visión de las compras para siempre. Sentía su calor, su cercanía – era como un preludio a algo prohibido y excitante.

En el Estrecho Probador: Marta Mide Cada Vez Más Abajo y Construye Tensión con su Toque

La cortina del probador susurró suavemente cuando Marta se arrodilló de nuevo, su rostro a centímetros de mi entrepierna. Sus manos temblaban ligeramente de excitación, envolviendo la cinta alrededor del muslo. Realmente estaba atónito – esto no era un servicio al cliente normal. Sentía cómo sus dedos rozaban el interior del muslo, cada vez más arriba.

Talla en la entrepierna... debemos verificarlo detalladamente – susurró, mirando el bulto en mis boxers. Su aliento quemaba la piel a través de la tela.

– Marta, esto... – empecé, pero me interrumpí cuando sus dedos presionaron suavemente, como midiendo.

– Shh, es mi trabajo. Tiene unas dimensiones impresionantes. El traje debe quedarle perfecto – respondió con una sonrisa, levantándose lentamente. Su vestido se subió un poco, revelando encaje negro de las medias. Se apretó contra mí, ajustando el cinturón de los pantalones.

Me probé el tercer traje – negro, de smoking. Perfecto para la boda. Pero ahora sus manos no tenían prisa. Desabotonó los botones de la camisa, deslizando la mano bajo la tela, acariciando mi torso.

– Piel tan suave... ¿Siente cómo me tenso? – preguntó, sus labios cerca de mi oreja.

– Sí, joder, eres increíble – admití, poniendo las manos en sus caderas. Estaba cálida, suave. Por primera vez sentía una química así con una desconocida.

– Me gusta cuando los clientes aprecian mi precisión. Quítese los pantalones, verificaré la longitud – ordenó suavemente, arrodillándose de nuevo. Bajó los pantalones, sus dedos engancharon la goma de los boxers. Mi polla saltó libre, dura y lista. Ya no ocultaba mi excitación.

– Vaya, qué talla tan grande. Es un desafío para mi cinta – se rio guturalmente, envolviendo la cinta alrededor del tronco. Su mano se cerró ligeramente, masajeando.

– Marta, esto es una locura... pero no pares – gemí, acariciando su cabello.

– No pararé. Quiero sentirte entero – murmuró, tomándome en la boca lentamente. Su lengua giraba, chupando suavemente. Estaba húmedo, caliente. Me quedé clavado, apoyado en la pared, mirando en el espejo su cabeza inclinada.

– Sabes delicioso – susurró, levantando la vista. Se levantó, besándome apasionadamente. Su lengua invadió mi boca, sus manos desabotonaron completamente mi camisa.

Le quité el vestido – debajo, lencería negra, tanga y medias. Pechos llenos, pezones erectos. Los besé ávidamente, chupando con fuerza. Gimió, clavando las uñas en mi espalda.

Tómame aquí, ahora – suplicó, envolviendo una pierna alrededor de mi cintura.

Pero me contuve, construyendo la tensión. Acaricié su coño a través de la tanga – húmedo, caliente. Introduje un dedo, masajeando el clítoris.

– Estás tan mojada... ¿por mí? – pregunté.

– Sí, desde que entraste. Fóllame fuerte – gimió.

La tensión crecía, el probador se llenaba de nuestros gemidos. Sabía que en breve explotaríamos.

Clímax en el Probador: El Apasionado Chequeo de Talla Termina en Explosión de Placer

No podía esperar más. Tomé a Marta por detrás, apoyándola en el espejo. Aparté la tanga a un lado, y mi polla dura se deslizó en su coño húmedo de un solo empujón. Estaba apretada, caliente – perfecta.

¡Sí, más profundo! – gritó suavemente, mordiéndose el labio para no hacer ruido.

Empujaba con fuerza, sujetando sus caderas. El espejo reflejaba todo: sus pechos ondulantes, mi rostro contorsionado de placer. Realmente estaba en éxtasis – por primera vez en la vida, sexo en un probador, con una dependienta que me había medido perfectamente.

– ¿Te gusta cómo verifico tu talla? – preguntó jadeante, girando la cabeza.

– Joder, me encanta. Eres una diosa – gruñí, acelerando. Le di palmadas suaves en las nalgas, y ella se retorcía, gimiendo.

Cambié de posición – se sentó en un pequeño taburete, abriendo las piernas. Me hundí de nuevo, chupando sus pezones. Sus uñas arañaban mi espalda, dejando marcas rojas.

Fóllame más rápido, ¡quiero correrme! – suplicaba.

Masajeé su clítoris, embistiéndola profundamente. Sentía cómo se contraía a mi alrededor. Ella explotó primero – gritó, temblando todo el cuerpo, inundándome con sus jugos.

– Ahora yo... – gemí, sacándola y dirigiendo el chorro a su vientre y pechos. El semen fluía por su piel, caliente y abundante.

Nos derrumbamos jadeantes, riendo en voz baja. Limpiamos rápido – las toallitas del mostrador salvaron la situación.

El mejor cliente de la historia – susurró, besándome.

– Me llevo este traje. Y volveré por más mediciones precisas – prometí.

Salí de la tienda con la bolsa, el traje y un recuerdo que me calentó toda la boda. Marta me guiñó al despedirse – sabía que no era el final. Realmente cambió mi vida, mostrándome cómo la precisión puede ser erótica.

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